Renovación Carismática Católica en el Espíritu
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Insomnio

Por en Enseñanzas, Artículos publicado el 12 marzo, 2016

INSOMNIO

Hace unas semanas pasé unos días complicados con dificultades para dormir. Me costaba mucho conciliar el sueño. Empezaba a pensar que tenía que dormirme, que el tiempo pasaba y el despertador sonaría a la misma hora. Que si no me dormía no descansaría y al día siguiente no podría rendir en el trabajo. Soy una persona a la que le afecta mucho dormir poco, así que ponía todo mi esfuerzo en relajarme y en dormirme de una vez por todas. Nada de nada.

Me he acordado de un íntimo amigo mío que hace tiempo me decía, “en el dormir como en el sexo, no sirve de nada esforzarse, hay que abandonarse”. Así que he meditado sobre esto.

Procuro rezar todos los días, antes siempre por las mañanas y ahora a veces por las noches. Ahora estoy leyendo el libro del Padre Borragan “La Gratuidad”. Me gusta mucho y a menudo me quedo un rato saboreando en oración lo que he leído. Una noche, después de leer un poco me puse a rezar y a pensar sobre el insomnio.

No hay muchos ejemplos que tan claramente como el dormir enseñen al hombre que sus esfuerzos en vez de ayudar a solucionar el problema, lo empeoran. El dormir es uno de ellos. Si no te abandonas no duermes. Cuanto más te propongas dormir peor.

“Voy a dormir, voy a dormir, voy a dormir”. Por mucho que lo digas y por mucho esfuerzo y concentración que pongas, lo único que consigues es lo contrario…no dormir. Imagínate además que compartes tu problema con alguien y ese alguien te dice “es que no te esfuerzas”, “es que no estás poniendo todo de tu parte”, “es que o te tomas las cosas en serio o no lo vas a conseguir”…, pues el problema se agrava considerablemente.

Para dormir hay que abandonarse y no hacer nada, ni siquiera pretender dormir. Hay que dejar que ocurra, porque en el fondo sabes que ocurrirá. Porque tu cuerpo necesita dormir y si le dejas hacer, dormirá.

No he podido evitar relacionar esto con las enseñanzas de profundización en los dones del Espíritu Santo que ha empezado a dar Chus en Maranatha, y con la gratuidad de dichos dones.

Si alguien te quiere regalar algo y de repente le dices que no, que prefieres comprarlo, pues has puesto un obstáculo muy fuerte a conseguir ese regalo, para empezar todavía no lo tienes. Puedes decir que es por agradecimiento, por ayudar al que te lo regala, porque es de justicia, lo que quieras, pero has puesto un obstáculo a un hecho gratuito. Te querían dar algo, un regalo, porque te quieren, no hay nada más detrás. Si no lo aceptas, el problema no es del que te da el regalo, es tuyo.

Los dones se obtienen aceptándolos. Sin miedo, con confianza y con agradecimiento. Llegarán porque…te los quieren dar.

Me acordé de la enseñanza que nos dio el Padre Chus en el retiro de servidores a finales de Enero. Habló de ángeles y demonios, y habló de Lucifer. Decía que Lucifer se reveló, vio algo en el hombre que no le gusto, sintió envidia y dijo que “no serviría”.

¿Qué vio?. ¿Cómo saberlo?, porque al fin y al cabo quién puede penetrar en los pensamiento de los ángeles. Sin embargo, no deja de ser paradójico que un ser luminoso tenga envidia del hombre.

¿Qué hay en el hombre?, ¿qué tiene de particular?. Me vino a la mente que el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios. Eso dice el libro del Génesis. ¿Cómo es eso posible?, ¿cómo puede el hombre ser imagen de Dios?. Más aún…semejante a Dios. ¿Nosotros?. Pero si somos absolutamente limitados.

Pensaba que la única forma de ser imagen de Dios, es tener mucho Dios dentro. Es decir que el propio Dios se vierta dentro de nosotros. Y me acordé del alfarero y del vaso…

Creo que el hombre es un recipiente y además me da que debe ser un recipiente muy hondo. Esa es su particularidad, puede llenarse mucho de Dios. A Lucifer no le debió gustar esto porque los ángeles deben ser seres muy perfectos, muy superiores pero ya está. El hombre puede llenarse mucho de Dios y de esa forma acercarse a Dios más que ningún otro.

Pero debe dejarse llenar.

La jugada de Lucifer fue engañar al hombre. Y hacerle ver que un vaso sin más puede ser una criatura excelsa, maravillosa, autosuficiente. Y aquí vemos al hombre tratando de ser un vaso precioso. ¿Pero qué es un vaso sin agua?, ¿para qué sirve?, ¿hay algo más alejado de su propósito?.

Si el hombre se deja llenar, crece a un ritmo inimaginable. Es más él de lo que jamás pensó, porque fue hecho para ser así, para ser llenado.

La conclusión es obvia, hay que dejarse llenar. Hay que dejarse regalar, como un niño acepta todo de sus padres. Acepta tus regalos con alegría y con agradecimiento, no pongas peros, no trates de ganarlos, simplemente acéptalos, porque si no estarás poniendo una barrera. Un vaso no sabe lo que es el agua, pero lo intuye porque sabe que hay algo que debe estar ahí, al fin y al cabo hay un hueco reservado para ella. Y el agua es vertida en el vaso, no se la vierte el vaso a si mismo.

Déjate hacer, déjate hacer. El mayor agradecimiento que un hijo le puede hacer a sus padres es dejarse querer. El amor no se exige ni se gana, simplemente se acepta.

 

 

 

 

 

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