Renovación Carismática Católica en el Espíritu
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48. La desescalada. Por Chus Villarroel

Por en Enseñanzas, Artículos publicado el 1 mayo, 2020

Ayer llegó Nines, la chica que nos ayuda en la cocina y en la limpieza. Cuarenta y tres días sin venir por culpa del coronavirus y de la cuarentena. Llega como un vendaval porque se ha aburrido un montón en su casa. Se le nota hasta en la respiración las ganas que tiene de limpiar y de poner las cosas en orden. Ha empezado por mi habitación. Al entrar me dice: “Bueno, la cama no está tan mal como yo me pensaba”. Al fin tuve que confesarle que no la había hecho nunca ni cambiado las sábanas porque la cocina y el escribir estas meditaciones me llevaba todo el tiempo. Simplemente me contestó: “Pues entonces es que te mueves muy poco en la cama”. La razón verdadera de no hacer la cama es que no había encontrado el recambio de las sábanas.

Ahora que nos anuncian lo que llaman con un neologismo bien feo la desescalada, va a terminar una época que no nos ha gustado nada pero a la que nos hemos acomodado. Qué a gusto me he pasado estos cincuenta días de encerrona. Ya había cogido tan bien mis rutinas, acomodado las distancias, tiempos y momentos para cada cosa que ahora acomodarme a lo que va a ser una nueva normalidad me va a costar. La comida eso sí la he hecho sencillita, pero en el sentir de los compañeros, sabrosa y variada. Lo que más me ha gustado, sin embargo, han sido los largos ratos de habitación que he tenido para rezar y escribir. A veces, en medio del silencio y de la intimidad, me paraba un momento a pensar: “Qué a gusto estoy aquí”.

No obstante, tampoco deseo que esto dure eternamente. Me apetece la normalidad. Además, hay muchas cosas que duelen. Me dolía el pueblo, la gente, el sufrimiento que yo imaginaba. Vivo en un barrio de casas muy endebles, construidas en tiempos de Franco cuando la gente se vino en aluvión de los pueblos a Madrid y a otras ciudades en busca de otra vida allá por los años cincuenta y sesenta del siglo pasado. Entonces se construyeron muchas viviendas con pisos de cuarenta metros cuadrados que siguen estando ocupadas. Cincuenta días en esas condiciones sin salir de casa crea agobio y ansiedad. Si a esto añades los problemas de paro, de intranquilidad, miedo a la enfermedad etc…

Ayer recibí tres wasap en los que se me preguntaba más o menos si el sufrimiento que acarrea esta pandemia será meritorio o no. Todavía no he contestado. Yo no me encuentro muy a gusto en ese lenguaje ni en la teología que está debajo. Pero está claro que de un sufrimiento siempre se puede sacar provecho. Las personas de fe que lo puedan vivir desde Cristo saben que todo ocurre para el bien de los que aman a Dios. Para esto hay que ser sensibles a lo sobrenatural. El vivir estas cosas con Cristo yo no lo llamo mérito, lo llamo gracia, predilección, elección. “Elegidos, como dice San Pablo, a reproducir la imagen de su Hijo para que sea él el primogénito de muchos hermanos. Esta elección lleva consigo la justificación y la gloria (Rm 8, 29).

En otro rango más bajo hay que decir que las personas que vivan su fe con una teología de la retribución tienen que saber ofrecer estos sufrimientos y unirlos a los de Cristo. Esta teología es de esfuerzo, de mérito, de sacrificio. Al no sentirse salvados ni elegidos necesitan hacer obras de salvación para alcanzarla a su tiempo. Buscan la perfección y por eso se esfuerzan en llevarlo todo con garbo, con serenidad, sin quejas o como suelen decir con resignación y aceptación. Les falta el calor del don porque al vivir a nivel de virtud dependen de uno demasiadas cosas.

La teología de la retribución es cristiana porque en el fondo cree que nos salvamos por gracia. Lo que tiene de déficit es que piensa que esa gracia nos la tenemos que ganar con lo cual queda muy desvirtuada la acción amorosa del don, es decir, de la acción de Dios sobre nosotros en Jesucristo. Esta teología no produce agalíasis sino cierto temor aunque estoy seguro de que el Espíritu Santo ayudará. Pienso en los que han muerto y siguen muriendo por el coronavirus en esas grandes salas de soledad que han tenido que arbitrar las autoridades para atender el desborde de enfermos difícil de asumir por el sistema sanitario corriente. Pienso en los sacerdotes que puedan acceder a ellos y rezo para que trasmitan a los moribundos la buena noticia de que Dios nos amó primero.

La diferencia entre los primeros judíos cristianos que pensaban que solo llegaríamos a Cristo si primero cumplíamos la ley judía y los cristianos venidos del paganismo, estaba en que éstos eran sensibles a la misericordia y a la acogida de la gratuidad. Son posturas muy distintas ante la muerte. Si piensas que es cuestión de teorías yo te diría que no. Imagina que tu padre o tu hermano están muriendo en los antros de soledad creados por el Covid-19. Si se acerca un sacerdote a su cabecera, ¿qué prefieres? ¿Que les hablen de los preceptos que tienen cumplir para salvarse o que les digan que ya están salvados en virtud de la sangre de Cristo? Yo pienso que estará ahora muriendo mucha gente con la fe enfriada por la vida y la cultura actual. Yo no puedo concebir que el corazón de Dios para ellos en ese momento quiera otra cosa sino que les hablen del sacrificio de Jesucristo por ellos para que puedan morir en paz. Esa paz será la gloria de Dios. Un padre quiere lo mejor para su hijo aunque se haya despistado en algunas cosas.

 

 

12 Respuesta

  • Rocío Mena dijo:

    Cada día rezo la oración de Pentecostés y pido al Espíritu que, por su bondad y su gracia, dé al esfuerzo su mérito… Una amiga que lo reza conmigo en el trabajo, decia que le cuesta esa frase, porque no le gusta lo del mérito. Es de la teología de la gratuidad. Pero yo, al llegar a esa frase, veo el amor del Espíritu mirando el esfuerzo y el sufrimiento de los pequeños.
    Al rezar le pedimos que sirva para algo, que lo convierta en valioso, no porque sea obra nuestra, sino porque somos obra de Él.
    Así que el sufrimiento de la pandemia no sirve para nada si no lo recoge Jesucristo en un caliz y lo entrega al Padre.

  • AGUSTÍN dijo:

    Dios es nuestro Padre

    Jesús es nuestro hermano, el mejor amigo, ¡qué hemos de temer!.
    Si tenemos la seguridad de que el Señor lleva nuestras vidas en una confianza absoluta, sabemos que estamos en los mejores brazos.
    ¡Qué paz, qué tranquilidad!, tener la experiencia de que el Señor nos ama, y nos da la salvación, sin reproche alguno, con los defectos y las debilidades.

    Él está con nosotros, pendiente de todo lo que nos ocurre, y lo demuestra en múltiples situaciones de nuestras vidas, porque Él vive en nosotros, pues en nuestra libertad le hemos dado permiso.
    Si para ganarnos la amistad con el Señor tuviéramos que hacer méritos con obras y devociones nos sentiríamos impotentes, frustrados y posiblemente como tantos tiraríamos la toalla.

    A veces podemos pensar que somos indignos, porque en un momento así lo percibimos.
    En cambio, mejor pensar que somos «muy amados del Señor», que también a veces lo sentimos.
    Somos débiles y limitados pero el Señor nos puedes transformar porque lo puede todo.
    En efecto, eso sí, algo mejores, por su Gracia, sin aspirar a ser perfectos.
    Él si es bueno. Si a veces somos buenos es porque Él lo es en nosotros.

    Te hemos buscado y te has manifestado, y hemos recibido tu Espíritu Santo.
    Te seguimos con entrega y confianza.
    A partir de ese encuentro nuestras vidas comenzaron a cambiar, no por nuestro esfuerzo, sino, por La Palabra y el Espíritu Santo.

    ¡GLORIA AL SEÑOR!

  • José Luis Pastor dijo:

    Hoy me ha escrito un amigo: el artículo de Chus de hoy te va a encantar. Y así es: me ha encantado.

    «Las personas de fe que puedan vivir el dolor desde Cristo saben que todo ocurre para el bien de los que aman a Dios». Dios puede transformar nuestro dolor en amor. Y el Espíritu Santo es muy ingenioso para entrar por las rendijas de nuestros espíritus y cambiarnos como al buen ladrón. Muy bonito y muy animante. Me ayuda a no perder la esperanza en nuestro Padre Dios, no en mis fuerzas, hasta el último momento, y a desear que Dios reine amorosamente en los espíritus de todos los hombres. Que Jesús nos dé luz para verlo y vivir con Él.

    Gracias

  • Maite dijo:

    Querido Chus, qué necesaria es tu predicación.
    Qué pocos sacerdotes predican desde la Gratuidad, única fuente de gozo.
    Estoy agotada de escuchar todo lo que tenemos que hacer, lo que tenemos que cambiar nosotros.
    La Buena noticia es la que predicó Felipe, san Pablo y san Pedro… La que llenó de gozo al eunuco y a los paganos: Cristo ha muerto por nuestros pecados y en su Pasión y Resurrección nos ha salvado.
    Cuesta creerlo, Chus, porque desde niños se nos ha insistido en nuestro buen comportamiento para salvarnos y, aún hoy, en la mayoría de las homilías es lo que se predica. De ahí el desánimo.
    Por éso es tan importante tu predicación, mucho más que que tu cama esté bien hecha. La necesitamos, yo la necesito, por éso: ¡Gracias, Chus!

  • María dijo:

    Yo no creo que ninguno de los sacerdotes que están acompañando a esos enfermos y moribundos les hablen de preceptos para salvarse. Me parecería muy poco caritativo. Ellos están dándolo todo, aún a riesgo de su vida. Hay muchos testimonios de gente que ha salido de este trance, cuentan cómo estos sacerdotes les transmitían el consuelo, la paz, la esperanza y la certeza de que Cristo estaba allí, metido en cada cama para aliviar el sufrimiento y el miedo. El Espíritu Santo pone en estos sacerdotes las palabras justas para el bien de los que lo necesitan. Esto es lo que creo.

  • Rafael González Garrido dijo:

    Quiero empezar afirmando que creo que todas las gracias y fuerzas nos vienen por el Espíritu Santo, y que Jesús nos salvó del pecado de Adán y Eva con su ejemplo, muerte y resurrección y nos abrió las puertas del cielo que teníamos cerradas.
    Ahora me pregunto ¿para que nos envía el Espíritu Santo sus gracias y fuerzas? Seguramente que para que le conozcamos más y mejor. Para que así sea, tendremos que “razonar o comprender” lo que se nos dice, para que podamos corresponder a ese amor. Ya sé que Dios no necesita de nuestra correspondencia en el amor.
    Creo que el Padre mandó a la tierra a su Hijo para algo, entre muchas cosas para que con su muerte y resurrección todos fuésemos salvados. También para indicarnos como tendría que ser nuestro comportamiento, sobre todo con el prójimo, según los deseos del Padre. También nos enseño a dar gracias y a pedir perdón. Perdón que seguramente será por algo de nuestra vida que hayamos hecho mal. Por Jesucristo, nos llega ese perdón cuando nos arrepentimos ¿y si no lo hacemos, qué? La forma de pedir perdón, como veíamos el otro día, es ante un confesor, que tiene el poder de perdonar o no nuestras faltas, según los evangelios o las palabras de Jesús. ¿Nos sobra el confesionario? Creo que el arrepentimiento tiene algún mérito, aunque sólo sea el reconocer haber obrado mal. Los humanos tenemos una misión, el tratar de ser como Jesucristo, mejor dicho, “ser perfectos como vuestro Padre es perfecto”. Yo no me considero perfecto, ni mucho menos, luego tendré que modificar mi forma de ser o actuar para poder acercarme a la perfección predicada por Jesús, aprovechándome de las gracias y fuerzas que me envía el Espíritu, bien directamente o por predicadores.
    Pensaréis “ese es tu problema” y digo que sí. Pero hasta ahora, es lo que me ha revelado el Espíritu Santo, y digo que es el Espíritu Santo, porque el consejo va encaminado hacia el Padre, a bendecirle, a creer en Él, y no a separarme de Él.
    Reconozco que es más cómodo el pensar según el escrito de Chus y vuestros comentarios o la forma de ver la salvación. Como lo veo ahora, lo revelado o comprendido, yo llevo más trabajo, y se me pedirá responsabilidad por los conocimientos que tengo, pero cuento con que Jesús me habló de un Padre bueno y misericordioso, en el que confío que comprenda las dificultades del camino por el que he circulado, que tenía sus subidas y bajadas, rectas y curvas. Por todo ello tengo la confianza de llegar a buen destino.
    Rezad para que así sea para mí y todas las personas que desean de llegar al mismo lugar por este camino que conocemos, lleno de dificultades, o para que nos venga otra enseñanza para que cambiemos de dirección.

  • Rocío Mena dijo:

    De acuerdo con María. El Espíritu pone las palabras al que consuela y tambien abre el oido al que escucha. Pero todo pasa por nuestra psicología, nuestra experiencia y formación. Mi madre falleció en febrero y en uno de los funerales que tuvimos el regalo de poder hacerle, el sacerdote puso el acento en lo buena esposa y madre que habia sido y en lo buena cristiana. Si le hubiera escuchado, la pobre se habría pensado que la salvación no era para ella, que no iba a misa ni comulgaba. Yo, aprovechando lo de dar las gracias a los asistentes al final, quise dar gracias al Señor, porque, después de luchar y resistirse contra Él, murió en la esperanza de la resurrección. Jesús le abrió la puerta un segundo antes de morir, para que se olvidara de las obras que no fue capaz de hacer y se dejara perdonar. Estamos perdonados antes de que nos demos cuenta de que hemos pecado, solo tenemos que dejarnos y a veces no nos lo cuentan bien.

  • Carmen dijo:

    Gracias Chus, cuánto me ayudas.
    Gloria al Señor!

  • María Elena dijo:

    María, el ejemplo de Chus acerca de lo que nos gustaría que se le dijera a un moribundo no es para afirmar que hay sacerdotes que les digan en esos momentos los preceptos q deben cumplir, sino para que caigamos en la cuenta de la diferencia entre vivir con una idea de Jesús u otra. Seguro q les hablan de tener consuelo y paz, pero ¿a cuántos la mera palabra les sirve si no va acompañada de la conciencia de la gratuidad? Lo que es seguro es que el Espíritu Santo está ahí, María, Jesús, San José, patrono de la buena muerte, q seguro sintió en su lecho de muerte cómo todo le fue dado y su Jesús (Salvador) le daría su Cielo.
    En fin, que sepamos estar a la altura de comprender los signos de los tiempos.

  • M.A. Conde dijo:

    Le doy gracias a Dios por la paz, el sosiego que hay en mí en medio de esta peste que está convulsionando al mundo. No me siento viviendo de forma distinta a antes del confinamiento, siento una vida interior intensa ahora como antes de la pandemia. Mi vida es plena por gracia, no necesita de viajes, visitas, videos tontos que distraigan e incluso despinten del punto principal dolororísimo que vivimos. Sólo en la Comunión del hombre con Dios uno puede mirar de frente al mal al sufrimiento, sólo puedes mirarte a ti mismo de frente con todo lo que había, hay y habrá porque todo lo vives desde Jesucristo Vivo y resucitado ya en tí. La vida del cristiano no consiste en la imitación de Jesús sino en dejarte vivir en Él no!
    Es una bendición que a quien se le está llendo la vida le sea enviado el regalo de un sacerdote que trasparente el inmenso amor que Dios le ha tenido siempre, osea que se le acerque «un Cristo» que le inunde de la Misericordia y el perdón que siempre anheló su corazón, dándole paz y plenitud a su vida. Un hombre de Dios que le diga QUE ES AMADO Y QUE SIEMPRE HA SIDO AMADO DE DIOS haya hecho lo que haya hecho en su vida. Cómo nos ha dicho Chus en tantas ocasiones y que es para todos, reciba que lo único que necesita es SER QUERIDO.
    Cuando podamos salir seguro que me alegraré de volver a hacer lo habitual pero no seré más Féliz. Eso sí, le daré infinitas gracias a Dios porque finalmente mi hijo y su prometida podrán recibir el tan deseado sacramento del matrimonio previsto para el 19 abril, que hubo que cancelar. Rezad por ellos también. Gracias Señor!

  • Yanina dijo:

    Amen! Gloria al Señor!

  • Jose Antonio dijo:

    Buenos días, querido Chus. Hoy me ha salido en la Palabra el versículo de S Pablo donde menciona «maranatha» , y la búsqueda en internet preguntando por su significado, me llevó a esta página y a tu comentario.
    Te seguimos mucho por YouTube, nos pareces tan cercano, tan tú….
    En fin, le damos gracias a Dios por dejarte vivir y seguir predicando. Te queremos mucho.
    El Señor viene.



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