Renovación Carismática Católica en el Espíritu
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58. Don de temor. Por Chus Villarroel

Por en Enseñanzas, Artículos publicado el 11 mayo, 2020

El don de temor es uno de los dones que enumera Isaías en su capítulo 11. Visto de repente choca su enunciado porque parece que el temor no debería ser don sino defecto a eliminar. De hecho, normalmente a la gente no le suena bien. Si se habla del santo temor de Dios uno ya se interesa un poco más e intuye que hay contenido escondido que no aparece en el titular. Así es, el don de temor hay que explicarlo porque si no, ni lo pedimos ni lo deseamos.

Este don como los demás actúa en pareja. Lo que pasa es que respecto a la pareja del don de temor no hay unanimidad entre los teólogos. La mayoría cree que este don viene a ayudar a la templanza, una virtud que modera la concupiscencia de la carne sobre todo en la lujuria, en el comer y en el beber. Santo Tomás de Aquino no está de acuerdo con esto. Dice que sí, que es así, pero como objeto secundario del don. La pareja con la que debemos de unir al don de temor para él es la esperanza.

Esto ya suena un poco más. Porque de esa forma ese don nos devuelve al rango de la virtud teologal que nos une directamente con Dios. Los dones que no actúan con una virtud teologal, es decir, con la fe, la esperanza o la caridad, no tienen el calor y la profundidad de lo divino. Si el don de temor solo moderara la virtud de la templanza sería un don moral lo cual es una contradicción. Sería un removens prohibens, o sea, algo para quitar estorbos en el camino hacia Dios.

Yo sigo a Santo Tomás porque nos eleva de nuevo a lo alto, al calor de lo divino. Además, la esperanza bien merece hacer pareja con alguien porque hasta ahora la teníamos soltera. Espero que os sepa explicar las relaciones que tiene esta pareja que forman el don de temor y la virtud teologal de la esperanza porque no es demasiado fácil. Me ilusiona hacerlo porque me parece muy bello pero necesito tener el bisturí bien punteado.

Comienzo con el temor. Tiene cuatro fases como la desescalada del coronavirus:

1º Temor de atrición, que obra por miedo a la multa, al castigo, al infierno

2º Temor servil o legal. Respeto a la ley o al superior por la cuenta que me tiene.

3º Temor filial. Siento que Dios es bueno conmigo, como un padre. No quiero perderlo.

4º El temor se une con la esperanza y deja de existir. La esperanza lo absorbe. Ahora bien, en esta unión el temor desaparece, mas la esperanza queda enriquecida de tal manera que solo desea a Dios y la felicidad del cielo. Ya no desea ninguna otra cosa. En esa unión culminan la virtud y el don.

Yo no sé si estás de acuerdo con esta teología. A mi me parece genial. Yo creo sentir en mi un tenue esbozo experimental. Creo que he pasado por las cuatro fases del temor. El temor filial todavía lo sigo formulando con la siguiente frase: “Cualquier cosa menos perder a Jesucristo”. Este temor filial que ya no es miedo al castigo sino a quedarte sin padre, ya es un alto grado de unión porque ya existe el amor y éste siempre une. Los tres primeros grados del temor se miden por el amor o su carencia. En el cuarto grado es donde se encuentran y se unen el amor y la esperanza, la cual en los primeros, apenas aparece. Al don de temor le pasa como al zángano de la colmena que después de fecundar a la reina, muere.

Para que se de el cuarto grado es necesario que suceda una experiencia del Espíritu fuerte de tal modo que el actuar religioso dependa del Espíritu Santo. Cuando el don tiene este calibre y este rango está capacitado para trasformar a la esperanza en algo nuevo y diferenciado. El objeto de la esperanza siempre será el bien. Aspira a lo que para ella es bueno. Si el entendimiento le presenta el placer como bien supremo la esperanza será lo que va a desear. La esperanza como el amor son ciegos desean lo que se les propone o bien por la pasión o bien por el entendimiento.

Por eso cuando el don del Espíritu actúa sobre la esperanza le presenta como bien supremo a Dios y, cuando la esperanza está convencida, desea el bien que es Dios y todas las cosas divinas, como el cielo, la vida eterna, la supervivencia, el gozo con los bienaventurados y todo lo que se vive en esa dimensión. A este nivel la esperanza no está interesada en los bienes de este mundo o por hastío o por falta de contenido sobre todo en comparación de lo que ya ha hecho su ideal que son los bienes de arriba.

Este maridaje entre el don y la esperanza se entiende mejor cuando la experiencia del Espíritu te ha hecho comprender la gratuidad de la salvación en la sangre de Cristo Jesús. Si él ha cargado con todos tus pecados y los ha clavado en su cruz, el temor ha perdido su objetivo. Estás perdonado; no tienes nada que temer. Dice Hebreos: Donde hay remisión ya no hay ofrenda por los pecados (Hb 10, 18). No tienes que ofrecer nada a cambio, siéntete perdonado. Si es así, el espacio religioso va a ser ocupado totalmente por la esperanza. Si el veredicto está cumplido, nadie te podrá recondenar.

Hace unos años murió una mujer llamada Concepción Andreu. Iba a cumplir los 103 años. Estaba en una residencia de ancianos. Un domingo de ramos la desahuciaron y hubo que sacarla de la residencia. Oficialmente ya no la atenderían más. Gracias a Dios le permitieron estar en una sala adyacente al cuidado de su familia. Esta mujer había vivido toda su vida no con temor sino con terror al juicio, porque se veía condenada. A los 81 años recibió el bautismo en el Espíritu en el grupo de oración Maranatha. Su cambio fue radical. Entendió a Jesucristo salvándola en la cruz de todos sus pecados que tanto la habían hecho sufrir. Su terror se convirtió en don y sus años en esperanza. Murió el jueves santo. En esos días ya no vivía en esta tierra. Superado todo temor fue posesionada totalmente por la esperanza por lo que solo deseaba el abrazo de su amado, como ella decía, sin importarle absolutamente nada las condiciones de desatención en las que se encontraba. Todos los que pasábamos por allí sentíamos su esperanza hecha deseo acuciante de Dios. En estos casos suceden cosas y allí sucedieron varias por las que ella había rezado mucho en la vida.

 

7 Respuesta

  • Rocío Mena dijo:

    El temor de Dios es el don que quiere manejar el demonio, para suplantarle. Al imaginar a Dios como una carga o un obstáculo que hay que remover para poder ser libres, somos manipulables y caemos en la tiranía de nosotros mismos, hojas movidas por el viento sin el Padre que nos da la vida y el ser.

    Me parece que el temor es, en realidad, el camino del amor a Dios, recorrido por la criatura.

    Esas dos primeras etapas del temor que dice Chus, de miedo al castigo presente o futuro, son las del egoismo y la huida hacia adelante desde el Paraíso, sintiéndonos culpables y perseguidos por el Creador.

    En la tercera, con el paso del tiempo y del maltrato de la vida, los dones del Espíritu nos sanan, si nos plantamos ante la culpa y miramos con dolor hacia atrás o hacia arriba. Jesús nos regala el perdón al hijo pródigo y nos devuelve la identidad del arcano. La ultima etapa del camino es la esperanza, que nos ayuda a morir en los brazos del Señor.

    A medida que dejamos que se haga en nosotros la obra de amor de nuestro Padre, vamos soltando lastre y perdiendo miedo a la vida, a vivirla y a perderla. Por eso, alejarse de ese Amor y comunicación con Jesucristo da tanto vértigo como el que le da a un ateo pensar en la muerte.

    El temor de Dios, que es el amor a Dios, es el resultado de la esperanza por el sacrificio santo de su Hijo, que nos enseñó a conocer cómo actúa nuestro Padre, en medio del pecado y de la muerte.

  • Jaime G. Herranz dijo:

    Realmente tenías «el bisturí bien punteado». Qué preciosa enseñanza. ¡Gracias, Chus!

  • Rafael González Garrido dijo:

    Se nota Chus que de pequeño tuviste muy buenas notas y ahora de mayor estás lleno de Espíritu Santo, pues el escrito de hoy, por no decir que todos, hay que leerlos con traje de gala. El problema, el mío, es que con eso de la pandemia, por poner una disculpa, los leo en zapatillas, y por ese motivo me cuesta más ensamblar mi mente a la tuya. Quizá por ello, y como el Espíritu sabe muy bien lo que hace, mis escritos son de andar por casa, aunque creo que Dios está en todos los hogares.
    Recuerdo haber conocido a Concepción Andreu y cómo su espiritualidad la llevaba a comentar, que cuando se comía un trozo de pan, sin nada, si ella prefería acompañarlo de queso, ese nada, se convertía en queso para su paladar. No tenía problemas de menús.
    Pero vamos al tema. Creo que cuando Pablo habló de los dones del Espíritu Santo, lo hizo con un fin determinado, el que las personas que le escuchaban, no se sintieran acomplejadas por los carismas que poseían los distintos miembros de su comunidad. No todos podían predicar al Jesús que se les daba a conocer de la misma manera. Cada persona estaba capacitada, eso sí, por el Espíritu, para realizar una tarea, y por esa tarea, tenían que estar contentos, y no desear las de los otros miembros de su comunidad, y de esa forma, todos podrían dar gracias a Dios por lo que tenían y no tener envidia de sus hermanos.
    Esa diversidad de dones o capacidad para realizar tareas, han llegado, afortunadamente, hasta nuestros días, y de esa manera, nosotros también podemos analizar en nuestro interior los dones que poseemos, y dar gracias a Dios por las ayudas concedidas.
    La ventaja que tenemos, o que tienen, los que piensan así espiritualmente, es que por ello pueden ampliar y difundir, o predicar, los conocimientos que adquieren al escuchar la palabra de Dios, es decir, los mensajes de Jesús.
    Como Dios no hace distinción entre personas, pienso que todos los dones, desde el punto de vista espiritual, o actitudes desde un punto de vista humano, están en todas las personas. Lo triste es que “esos trajes nuevos o joyas” no se utilicen para el momento oportuno, sino que se malgasten en otras celebraciones mundanas, que a la vez, los o nos alejan del verdadero sentido de nuestra vida.
    Cuando hablamos del “temor de Dios” la palabra “temor”, para mí, la sustituiría por “recuerdo”. Es decir, un don que nos llevaría al “recuerdo de Dios”, que ya es importante en el mundo actual. Si tenemos ese recuerdo en Dios, nos llevará a conocer a Jesús, a escuchar sus palabras y mandatos, y ya convencidos, utilizar el don del consejo, para que con fortaleza hacia el exterior, le demos a conocer, con nuestros testimonios y palabras, a nuestros hermanos. Es decir, no quedarnos con todo eso dentro de nosotros, sólo para mí, pues entonces no habremos comprendido nada de lo que nos han dado a conocer todos esos dones, pues al no transmitirlo, y pensando que es bueno, estamos cerrando la posibilidad de que otras personas puedan disfrutar de todo eso que a nosotros nos encanta, y que nos hace felices. Transmitiendo, amamos al prójimo, fin principal del cristianismo, para llevarles a una vida eterna. Y de esa manera a este don le podemos cambiar de nuevo las palabras “temor” y “recuerdo” por “amor”. Ahora nuestro don quedaría como “el amor de Dios”.

  • Maite dijo:

    Querido Chus, en estos días en los que pierdo la paz cuando me llegan noticias de las cosas tan graves que están ocurriendo en España, leerte ya es un regalo que me recoloca en la esperanza.
    Somos muchos los que hemos recibido el bautismo en el espíritu a través de la imposición de tus manos.
    Te doy las gracias, y ténnos a todos en tu oración, condúcenos a ese cuarto nivel en el que el temor es absorbido por la esperanza. De alguna manera somos también «hijos tuyos», al menos así me siento yo, y bien agradecida…

  • AGUSTÍN dijo:

    Abandono confiado en los brazos de Dios

    1 Señor, mi corazón no es ambicioso,
    ni mis ojos altaneros;
    no pretendo grandezas
    que superan mi capacidad.
    2 Sino que acallo y modero mis deseos,
    como un niño en brazos de su madre.
    3 Espere Israel en el Señor
    ahora y por siempre.
    Salmo 130

    Los de mi generación vivímos una etapa adolescente llena de miedos y temores en cuánto a la predicación de aquellos años.
    Los que estudiamos en colegios religiosos, aparte de misas y rosarios diarios obligatorios, éramos sometidos a unos ejercicios espirituales en Cuaresma que lejos hablarte del Amor de Dios, nos hablaban obsesivamente de la pureza, como el pecado sobresaliente de los mandamientos, la condenación y el infierno. Todo ello adobado con una disciplina casi militar para niños de 10 a 16 años del bachillerato de los años 60.

    Pasó el tiempo y muchos nos oxigenamos fuera de ese ambiente por otros derroteros.
    Fuimos creciendo y cada cuál buscó la explicación de aquella experiencia a su manera. Aquella semilla de fe impuesta, en el tiempo nos vino bien, para encontrar ciertos valores que nacieron de aquella educación un tanto represiva.

    Quedó en mí una fe latente lejos del cumplimiento oficial. Un día, como a tantos, el Señor se hizo presente en mi vida a través de la Renovación Carismática. Todo fue una novedad con cantidad de experiencias.
    El Amor gratuito de Jesucristo me fue revelado por el Espíritu Santo, con la seguridad de estar Salvado por alguien del que me puedo fiar.
    Cuando el Amor de Dios está por medio ya no debemos cuestionarnos ningún miedo.
    Hemos llegado al culmen del proceso para entender el Temor de Dios.
    Un Temor respetuoso que es agradecimiento de estar con el mejor de los amigos. Con una bondad infinita e inimaginable y que te dice siempre, «Yo te amo y he dado mi vida por ti».

    ¡GLORIA AL SEÑOR!

  • Alicia Cristina dijo:

    Querido grupo de Maranatha, gracias por recibirme como a uno de ustedes, les escribo desde Argentina.

    Solo hay agradecimiento en mi corazón, he sido algo descortés, pues sé que ustedes se conocen por reunirse y alabar a Dios juntos.

    Fueron ustedes los que me pusieron diligentemente, sin pérdida de tiempo, en contacto con el padre Chus, en un momento que necesitaba que se me guiase en un tema muy especial. En el padre Chus no solo encontré respuesta, sino algo más, mi alma, encontró un amigo, tal como les pasa a cada uno de los que conoce a Chus. y aquí se da lo que nuestro Jesús nos dice: Busca que encontrarás, pide que se te dará, llama que se te abrirá.

    Encontrar al padre Chus, a esta altura de mi vida, no solo lo considero una gracia, es encontrar un director espiritual, cada mensaje, cada prédica, nos orienta y guía, algo indescriptible.

    El padre Chus es universal, es para compartirlo, en mi caso entro y se quedó en mi hogar, como dijeron ustedes, es un familiar más, lo comparto con mis hijos, hermanos de la iglesia, amigos, y todo el que quiera escuchar sobre él.

    A dos días de cumplirse un año les comparto lo que viví en el 2019.

    Del 10 al 15 de mayo de año pasado el 2019, sin previo aviso, enfrentamos como familia, una prueba distinta, en el término de cinco días partió una hermana muy querida. Sin mayores síntomas previos, esta hermana llamada Nélida Celia, se encontró padeciendo uno de los cánceres cerebrales más letales, dejándole libre los lóbulos frontales, es decir que podía hablar y pensar absolutamente normal y conciente de lo que vivía, Ella tenía una privilegiada voz, cantaba lírico, canto hasta el último momento, y recitaba de manera apasionada, su último poema fue el precioso poema español, Granada. Sabía que moriría pero lo hizo un estado pleno de fe sobrenatural. Cuando le comunique océano de por medio, al padre Chus, su escucha atenta, amorosa, su oración su ser presencia este hecho tomó un vuelo directo al cielo.

    Agradecer por todo, hasta el simple hecho de poder respirar, que mirado desde la fe cobra otro valor.
    Se nos descubre que frente a lo que vivimos en esta pandemia, algunos hermanos alcanzados por el virus, dependen para respirar de un ventilador y uno de los síntomas de estar contagiados, se da en la dificultad para respirar.

    Esto me lleva al poder respirar como lo que es una gracia. Respirar y agradecer con todo mi corazón, como si esto les ayudase en algo a todos ellos, a los que padecen el no poder hacerlo. Llenar de aire mis pulmones de oxígeno espiritual, de agradecimiento, valorar el poder hacerlo, que nos lleva a Dios mismo, poder agradecer, que gracia, cerrar los ojos, en cualquier momento y lugar sentirlo como lo que es, una bendición.

    Pienso, que el don de la piedad quizá se pueda relacionar, como sentir el abrazo divino de manera incesante, y que se agradece con toda el alma con toda las fuerzas con todo el corazón, que se da gratuitamente como nos lleva a entenderlo el padre Chus.
    Que a su vez en este abrazo Dios nos regala su sabor inconfundible, quizá también y sé de algo aquí del don de la sabiduría, y entenderlo y elegirlo, quizá también tiene que ver con otros dones, también quizá hay algo del santo temor por el que Dios nos tiene sujeto, ya que sabemos que no podríamos vivir sin El,

    Si podemos llevar al hecho de respirar a la fe, así al inhalar concientes del regalo que Dios nos hace, se torna diferente, y toca todas las dimensiones de nuestra vida, como si despertásemos, pues Dios nos poca cosa saber y sentir que Dios nos visita constantemente, está siempre con nosotros, se siente como si el mismísimo Espíritu Santo nos susurrase que Dios nos ama y nos quiere vivos, Este contento nos hace cantar y alabar, Y así al exhalar agradecidos, lo hacemos descansando como haciendo la plancha en Dios mismo, tal como si flotáramos entregados en el agua , sentimos que se irradia y es recibido como oración.

    Que sigan todos bien, cuidándose, y bendecidos por el don de la fe y tantos otros que se nos han regalado. Gracias Padre Chus, sus escritos si que son alimento anhelado y necesario…Gracias a todos y cada uno.Gloria al Señor a El Todo Honor y Gloria

  • Paloma García dijo:

    Este comentario 58 debería hacerse constar en algún tratado de Teología aplicada. ¿Aplicada a qué? a la vida real. Los seminaristas se embaulan unos tochos gordísimos de Teología, elaborada a lo largo de los siglos e iluminada por el Espíritu Santo que purifica los razonamiento de los teólogos. Pero son tan jóvenes que no han tenido demasiado tiempo para experimentar todo aquello, como es lógico. También sabemos que muchos cristianos mueren sin conocer este Amor gratuito y salvífico. Qué decir de los no cristianos. Como carismáticos tenemos la inmensa fortuna de ser testigos de esta virtud de la esperanza que sustituye al amor filial. Podemos decir con Pablo «nadie nos separará del amor de Dios». Pero me atrevo a decir que ese Amor está más allá de la propia virtud porque su Misericordia no tiene límites, e incluso personas sin don y sin virtud pueden estar al alcance de aquella. El Señor a veces nos habla por imágenes que hace surgir en nuestro espíritu mientras oramos. Una vez, orando, le pregunté al Señor y me contestó con una imagen: estaba Jesús sentado a la orilla de un lago tejiendo una red. Después me explicó que esa red de pescador nunca se rompe por mucho que se llene. Con ella pesca de las aguas todas las almas que le pertenecen, porque son suyas y él no pierde nada de lo que le pertenece. Y con ello me dio el consuelo que necesitaba.
    Dices «Al don de Temor le pasa como al zángano de la colmena que al fecundar a la reina muere». Me parece la mejor explicación posible a san Pablo cuando dice «dónde está muerte tu aguijón» (I Cor 15, 55).



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